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Coleccionista de guantes

Foto del escritor: FiomadaFiomada

El invierno nos separa y nos lleva de paseo juntos. Gabriel es un tipo de costumbres: deja las llaves de casa siempre junto a su pase del metro, sobre la mesa de madera junto a la puerta de entrada de su casa, su abrigo en el perchero junto a la mesa, su celular siempre va en la bolsa derecha del abrigo, su billetera en un bolsillo a la altura del pecho. Vive solo en su apartamento. Cada mañana se escucha su alarma del teléfono con el mismo tono de llamadas a las 6h00, una sola vez, toma su ducha rápida y en silencio, desayuna a las 6h30 un café sin azucar, coje su abrigo, llaves, billetera y su teléfono y nos vamos de la mano de metro en metro hasta el trabajo. Dentro de sus bolsos procura mantener un ambiente tibio, cómodo y funcional llevando siempre lo importante, el resto de sus pertenencias son designadas a su mochila. De niño, Gabriel pasó tiempo internado en el hospital, no hacía mucho más que escribir, respirar y desear que todo se fuera desvaneciendo poco a poco, hasta que finalmente logró retomar su vida, ahora es un artista, yo lo se porque sus manos son fuertes pero suaves, siempre lleva alguna mancha de pintura en sus dedos, de vez en cuando tiene llagas por tratar materiales duros, le gusta el arte contemporáneo, encuentra la inspiración en lo que el mundo llama basura, él podría crear un monumento a base de centavos de euro, plástico reciclado de botanas y dulces, de latas de soda y cerveza o de guantes...


Gabriel colecciona guantes perdidos, el es un verdadero artista. Los artistas son diferentes, ellos por cerebro tienen una fábrica de ideas al estilo Pompidou; es decir, alrededor, muy por el exterior, bordeando el núcleo, un artista piensa y actúa fuera de la media, duerme más o duerme menos, su horario es variable, sus manías son bizarras, sus miradas te llevan a un mundo de ideas, de música, de colores, que no es posible comprender porque van en otra página, la gente dice que los artistas son un desastre, otros que son un desorden hermoso, Gabriel dice que no es un artista, que él es un creador de profesión y se dedica profesionalmente a la escritura: de canciones, novelas, cuentos infantiles, artículos de revistas, columnas, descripción de productos y demás, posteriormente el encuentra cada día a la misma hora, la oportunidad de crear sus obras de reciclaje. Gabriel tiene un horario estricto y cada dia espera, asiste, cumple y anda por los mismos lugares, las mismas horas, los mismos metros, buses, oficinas, Gabriel es puntual, incluso limpia sus gafas a la misma hora cada dia, coje su computadora a la misma hora, se desprende de todo su abrigo de la misma manera, sus manos quedan libres de crear, libres de guantes… Su mano derecha a veces anda fría en invierno, salimos con él ambos, pero siempre se desprende de la derecha porque usa su portátil en el metro, me gusta como el invierno nos lleva de paseo juntos y nos separa en caminos distintos. Hoy era viernes y hacian -3º C en París, Gabriel había terminado sus proyectos semanales en la oficina y partió antes. Mina, en ocasiones había coincidido en los trenes con Gabriel, él no ponía importancia a las casualidades. Mina entró corriendo justo al último segundo en el metro, ya comenzaban a cerrarse las puertas, Gabriel dejó de prestar atención a su portable y la saludo con una sonrisa, fue suficiente porque el metro iba casi vacío, pusó el portable a mi lado del abrigo, pero no era lo usual, siempre iba al lado derecho y mi lado iba siempre vacío, la mano derecha era como Mina: hacía tanto que descuidaba todo. Gabriel la vio y le sonrió sutilmente, ella era un fallo en su rutina perfecta, pero estába feliz que fuera una interrupción con adrenalina, temperatura y sonrisas, Mina aflojo su bufanda, arreglo sus lentes y abrió su abrigo, luego caminó hacia Gabriel que iba sentado, se paró frente a él y le dirigió una extensa sonrisa a dientes desnudos, él sin dejarlo notar ni un poco, aceleró sus latidos, yo lo notaba porque la temperatura de su corazon llegaba mas pronto a mi lado, esta chica le gustaba y no era la primera vez, cada vez que la veia en el trabajo sucedia parecido.


El se levantó ofreciendole su asiento, ella le agradeció pero no se sentó sino que lo cedió a una anciana que vio a un paso de ellos quien aceptó dulcemente. Gabriel se reía y el color de su rostro blanco cambio, ella jugó con su cabello poniéndolo tras su oreja y tambien se rio, esta chica reía mucho y Gabriel a su lado también.

---​Saliste temprano del trabajo--- dijo finalmente ella, con su permanente y hermosa sonrisa, que hacía juego con su bufanda blanca, ella tenía rizos muy largos, abundantes, color castaño, ojos color miel, piel morena clara que parecía de porcelana, una nariz delicada como de princesa, unas pestañas de reina, tenía evidencia de no dormir mucho bajo sus ojos pero nunca usaba maquillaje, portaba lentes muy grandes, botas cortas de taco cuadrado color café, un jeans celeste con roturas intencionales y un suéter de lana color negro, junto a un abrigo largo hasta por debajo de sus rodillas, impermeable de color verde musgo y su rostro también cambió de color.


---​Entregué mis artículos antes y no tenía mucho que quedarme haciendo--- respondió


---​Claro, Gabriel el super hombre...---​ Respondió ella viendo hacia abajo y pronunciando casi entre dientes, mientras el metro hacia una parada y chillaban sus rieles. Gabriel seguía con sus ojos los labios de Mina


---¿Super ​hombre? ¡vale! gracias---​ dijo motivado, ella lo miró sorprendida y seria


---​¡​Tio! imposible que sea una sorpresa para vos---​ dijo ella, pero Gabriel la miró con una sonrisa dulce, casi no queriendo afirmarlo pero así era, no tenia ni la mas remota idea, Gabriel no salía mucho de su rutina, era un hombre de esos que aman su ambiente y solo cambian el sabor de jugo por la mañana o la marca del papel higiénico. Mina finalmente le pregunto si tenia algun pendiente. Gabriel estaba finalmente libre y ella le invitó a tomar algo, él quiso dudar por sus horas de tiempo en su proyecto,pero quería ir, así que ese día caminamos por los Jardines de Versalles, la plaza del Trocadero para ver la Torre Eiffel y finalmente fuimos a un pequeño bar donde se reunió también un pequeño club de arte, ellos leían poemas, cuentos para adultos, porciones de novelas, hubieron guiones dramatizados, escenas de mimos, alguna canción a capella o con acompañamiento instrumental y unos minutos de comedia, Mina sabía cómo entretener a Gabriel, como si lo conociera desde hace mucho, pero solo habian cruzado miradas en el trabajo, también bebieron un poco, hablaron de sus vidas, de sus complejos, de sus secretos y de sus mentiras, vivieron un poco del otro entre cervezas y arte. Gabriel era un artista en bruto, en silencio, escondido y sin pulir, Mina lo sentía y esa noche ella lo acompañó a su apartamento: Gabriel sacó las llaves del bolsillo derecho de su abrigo y abrió la puerta, Mina lo siguió, el buscaba su teléfono en el mismo bolsillo como de costumbre, pero no estaba ahí, sino de mi lado, pronto recordó y lo puso en la mesa junto con su pase del metro y su billetera, colgó su abrigo, Mina lo imito y le sonrió, ella tomo su teléfono con sigo, en el bolsillo derecho trasero de su pantalón. Gabriel dio un vistazo fugaz a su apartamento y le dijo que este era su escondite, con una especie de orgullo mal imitado, ella lo ignoró y caminó delante de él con una sonrisa traviesa, a lo lejos ella alcanzó a ver el pequeño estudio de arte de Gabriel quien mientras ella se acercaba el intentaba retrasar su atrevimiento ofreciendole algo de beber: el tenia jugo de distintos sabores, un vino tinto, café y té de varios tipos, ella le pidió una copa de vino sin siquiera voltearse y continuo su paso al mini estudio, esta chica era una bomba, Gabriel estaba nervioso, se terminó de desprender de mi, sobre la mesa de la sala, me quedé ahí viendo y escuchando a lo lejos. Gabi sacó la botella de vino, sirvió dos copas a toda prisa y se dirigió a su estudio, ella no paraba de ver con atención la escultura gigante del centro, tenía una forma simétrica por un lado pero turbulenta del otro, era como ver un monstruo-príncipe-Frankenstein, ella estaba pasmada por los colores, las texturas y el desorden tan precioso de aquel lugar, porque Gabriel no era asi, ahi era el otro lado de sí mismo, era su lugar para ser el mismo, ahi podia hacerlo todo, ella intentaba entender esto ¿Quien era realmente Gabriel? ¿Que escondía y que temia este super hombre misterioso?


El pequeño estudio era de paredes blancas, con muchos brochazos de distintos colores de pintura, Gabriel probaba los matices con su pared, también habían cuatro mesas y sobre ellas: vasos de plástico manchados, pinceles de todos los tamaños, paletas de pintura, papel periódico, cajas de vino llenas de guantes impares, latas aplastadas, kilos de alambre, tenazas, llaves, cintas y demás materiales con los que Gabi trabajaba en sus obras, esculturas, creaciones. Mina quería verlo todo y claro, con un par de copas encima, Gabriel podía mostrárselo, incluso su lado turbulento. Mina tomó la copa de vino de la mano de Gabriel y le dio un sorbo, pero se quedó parada frente a él, sin parar de verlo a los ojos, el le pregunto que pensaba de su obra, ella estaba ahí aun sin palabras, pero le pregunto si lo representaba a él, Gabriel no entendio porque preguntaba esto, tal vez él no se percataba de algo o ella era mas lista que lo que habia pensado. El no dio explicación alguna, en cambio preguntó si le apetecía ver una película con él, ella sonrió traviesa otra vez pero esta vez se le acercó mucho, el era mucho más alto que ella, así que ella vio hacia arriba cuando estaban cara a cara, el no pudo mucho con sigo mismo y le tomó la cabeza con su mano libre, con la derecha, como si me llevara aun en la izquierda, entrelazó su cabello en sus dedos y ella cerró los ojos, se puso en puntillas y le dio un beso en la mejilla, mientras él se acercaba muy lentamente, como inseguro hacia ella. Mina regresó a su posición original y sonrió, mientras él se sintió apenado, ella le dijo que entonces sí, que su arte era el mismo y se dio la vuelta caminando hacia el sofá de la sala, el se quedó confundido, Mina no usaba guantes nunca, no tenia filtros. La movida de esa chica fue muy inteligente, lo dejo dando vueltas. Gabriel la siguió a la sala, le gustaba lo que lo hacía sentir, una mezcla de muchas cosas a la vez o una tras otra, así que Gabriel le pregunto que queria ver.


---​Sorprendeme---​ respondió ella con la copa en la mano y nuestro amigo se quedó perdido, así que tomó el control de la televisión y se sentó al lado de ella en el sofá, mientras pasaba películas y series, unas tras otras, ella no paraba de verlo a él y sólo ocasionalmente volteaba hacia el televisor para ver si había elegido algo. El se detenía para contestar sus preguntas, ella lo entrevistaba, ya era medianoche y no pudiendo elegir nada que ver, solo terminaron la botella de vino, sentados en el sofá, retandose a decir verdades incomodas. Mina se quedó a dormir, él le prestó una camiseta y un pantalón deportivo, junto con unos calcetines y una sudadera, ella durmió aquel dia en la sala. El sábado por la mañana, Mina y Gabriel desayunaron jugo de naranja y tostadas con jalea, parecían más bien como si tuvieran una relación de mucho tiempo pero lo único que habían compartido eran miradas, metros y una botella de vino. Era medio día y ella cogió su abrigo para irse, Gabriel la acompañó a la puerta, hubo un silencio mientras se veían a los ojos y sonreían, él nos tomó y nos entregó a Mina, ella sonrió como con dulzura y conmovida ahora compartían más que miradas y vino... Ella le dio un beso fugaz en la mejilla y se dio la vuelta lento, nos fuimos con ella. Mina es una chica con manos frías, corre siempre de un lugar a otro, trata de jugar con su tiempo, no tiene un horario muy definido, no piensa mucho lo que hace, es realmente un pequeño ser caotico andante, debe tomar decisiones rápidas, hace las cosas de inmediato, porque sino olvida hasta lo que siente, su bolso está lleno de notas sueltas, de todos los colores, de tickets del supermercado, de bolis, de dulces y lleva también su computador, telefono y una agenda vacía. Mina, de niña visitaba mucho el hospital, su madre se la pasaba internada y cuando alfin se recuperó, Mina continuó sus visitas al hospital, disfrazada para visitar ancianos y en ocasiones a niños enfermos que con frecuencia eran de su edad, ella era feliz compartiendo su vivacidad y le gustaba imaginar que todos tendrían un futuro fuera del hospital, un camino feliz, corto o largo, no era lo esencial, pero si feliz. Gabriel y Mina vivían un mismo camino pero de distintas maneras, como la derecha y yo, ella cantaba en la ducha y desayunaba tranquila, escribía aveces sus artículos en el metro, llevaba siempre sus manos libres y frías, Gabriel vivía el silencio y lanzaba el resto en sus esculturas, el cubria siempre sus manos. Los días siguientes Mina nos llevo cada dia en su bolso, sepultados entre notas y colores, olvidados, hasta que un viernes me saco del bolso, metio su minuscula mano y entró al metro, solo me usaba a mi, pero iba un poco mas tibia, un poco mas a tiempo, mas organizada. Dentro del metro Gabriel iba inmerso en su computadora: escribía sus artículos !escribía en el metro! Mina se sentó a su lado, el se volteo y le sonrió, ella sacó de su bolso un papel color rosa y escribió su numero de telefono.


---​Si quieres tus guantes, llamame antes de medianoche---​ le susurró al oido, el sin responderle, sonrió, tomo el post it y registro el número en su teléfono, le llamo en ese mismo momento, ella sacó su celular de su bolsillo derecho, vio la llamada y colgó, sonrieron, el tocó su hombro, ella le sujetó la mano suavemente y tambien tocó su mejilla. Gabriel vio que Mina llevaba puesto su guante y cerró su computadora. Caminamos por los Jardines de Versalles, fuimos a la plaza del Trocadero y terminamos nuevamente en casa de Gabriel, había pasado un mes desde la última vez que estuvimos aquí. Gabriel abrió la puerta de su casa, colgó su abrigo y el de Mina y tomó su telefono con el y le dijo que se pusiera comoda, ella fue de inmediato al estudio de arte de Gabriel, él fue por las dos copas de vino y la siguió, ella tomó la copa y admiro el trabajo, había tanto color que brillaba, noto esta vez tambien la ventana del techo, la luna iluminaba cada esquina del estudio, esta vez se veía todo mas grande, Gabriel le preguntó qué pensaba esta vez de su estructura, ella no supo que decir, se volteo, le sonrió y le dijo que simplemente le encantaba. Tenía un aire de bohemio, pero de alma clásica, era firme pero con textura suave, lucía enorme, con un grosor de refrigerador, alto de casi dos metros, eran todos los colores, como si pusieras tu alma y tu mente sobre la mesa y la exparcieras a lo alto, casi sonaba a algo que ella conocía y no recordaba, como algo que crees aprender pero ya lo sabias, tenía forma de Torre Eiffel, con la estabilidad de la Torre de Pisa, era una persecución de toros en la puerta de Alcalá, era una luz del amanecer, un sorbo de cerveza belga, una probada de lo que te gusta, con lo que no, era todo, era lo que no queres hacer pero debes para llegar a lo que soñas. La estatua de guantes impares era una recopilación de historias, de mundos y caminos, porque Gabriel quería darle otra vida a las mitades de lo perdido en el camino. Mina se quedó inmersa con la copa en la mano, él la abrazó por detras y le devolvió el beso de hace un mes en la cabeza, ella regreso en sí, se volteo y lo abrazo también, enterró su cara en el pecho de Gabi, el le acaricio el cabello desordenado y asi pasó un minuto, hasta que ella se soltó lentamente y lo vio a los ojos, él la beso sin pensar, sin dudar, de golpe, sin censura, sin guantes… Más tarde esa noche ella se fue, me dejó en la mesa de la entrada, se llevó el guante derecho en su bolso, ahora nosotros tambien eramos guantes impares pero Gabriel y Mina no son la historia de un guante perdido, sino la de un guante encontrado porque cada semana coincidieron en aquel metro, se sonreían y usaban cada vez menos su guante. Gabriel siguió coleccionando guantes impares que encontraba en la calle, sus estructuras tenían color y textura porque los guantes perdidos, eran historias revividas, eran emoción, Gabriel ahora cantaba en la ducha, escribía en el metro y besaba sin guantes… Mina corría menos, perdía menos trenes, iba con manos más tibias, aún sonreía, aun iba despeinada, iba con un guante… No importa cuantos inviernos, nevadas, baladas en el Jardín de Versalles, visitas al Trocadero, esculturas revividas, sonrisas o besos sin guantes hubieron, Gabriel y Mina conservaron el guante. Hoy era finales de invierno y Gabriel llevaba algo nuevo en su abrigo, Mina paseaba con él y el saco el objeto de su bolsillo, se incó y ella lo vio como la primera vez que vio la escultura de guantes, sintió que ya no era un guante perdido, sino uno encontrado, Gabriel era el coleccionista de guantes, Mina no usaba guantes y se encontraron, porque nunca estuvieron perdidos, solo separados, creando una historia y siendo parte de una escultura.

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