Cuando joven ella se reunía con sus amigos bajo la Torre Eiffel a ensayar sus libretos, lo hacían por pura diversión, les gustaba solo actuar, solo jugar, solo soñar que serían grandes, que llegarían alto y entonces solo se divertían actuando bajo la Torre Eiffel o frente al Pompidou en ciertos parques que encontraban perfectos para jugar, lo llamaban jugar, porque se divertían, era la clase de parque para adolescentes que les gustaba vivir, pero entonces un día crecieron…
Todos eligieron distintas carreras, ella quería ser actriz, verdaderamente quería serlo y estuvo a punto de tomar esta decisión, talvez en el fondo si la tomo, pero pensó en darse un tiempo, amaba la lectura y los idiomas, además tenía la facilidad de manejar perfecto el francés y el español como sus lenguas maternas, su madre era argentina, por lo que tenía ese acento bellísimo que todo latino ansia imitar o simplemente endulzarse los oídos escuchando y tenía su francés, por vivir en Francia toda su vida, así que se dedicó a la enseñanza porque entendió que tenía una verdadera vocación al respecto, nadie se lo había dicho, ella simplemente se dio cuenta porque se divertía, porque sentía pasión, adrenalina cuando alguien aprendía algo nuevo, como si ella aprendiera más.
Enseñar y aprender se interpreta igual en francés, ella era uno con sus estudiantes, ella era una joya real. La clase comenzaba cada día a las 9 am, en Paris, ella siempre era puntual, sonriente, empática y apasionada. Lucrecia vivía con su hermano, pero para inicios de año logró mudarse a un apartamento en Paris, cargo con las cosas de su hermano, porque él era un viajero, ella nunca sabia cuando regresaría, solo sabía que habían estado juntos desde que se mudaron de lo de sus padres.
El comenzó a ir por el mundo y eventualmente sin previo aviso el regresaba unas semanas a descansar a casa con ella, ella disfrutaba sus historias y compañía, aunque fueran solo una o dos veces al año como mucho, en una ocasión le contó una historia que le hizo recordar su deseo de ser actriz: cuando estaba en un estadio abandonado, el describía el escenario con escaleras forradas de hierba verdísima y un árbol que había logrado romper uno de los costados de las gradas, porque había crecido gigantesco hasta lograr hacer cierta sombra a la mitad del estadio, no era un espacio muy grande, pero el estar ahí era algo que no habría cambiado por nada, era todo un ecosistema individual, él contaba esto y ella imaginaba una obra completa.
A veces Miguel le hacía recordar su niñez, reían mucho al traer a la memoria las veces que Lucrecia se quedaba muy atenta a la cajera del supermercado, cada movimiento era primordial, porque ella quería saber cómo y porque sobre todo, ella quería hacer lo mismo que ella, sus padres no entendían esto pero la dejaron crecer con esta idea y olvidarse de ella después, luego pensó en ser aeromoza, le parecía genial la idea de viajar y tener acceso al área de comida, además no tener que estar sentada todo el tiempo durante el vuelo, incluso la demostración inicial en caso de emergencias le parecía todo un show. Lucrecia era mi maestra de francés.
Ella me enseño que un mate en medio de Paris es posible, que la mejor pizza no es la más deliciosa sino la que se comparte con amigos, que los parques tienen su magia, que los días soleados son un milagro y no suceden a diario, que la paciencia y decencia se debe mantener incluso en las peores situaciones, que no se puede esperar el mismo tipo de felicidad en Paris que en el Pacifico, que la pasión se nota desde el exterior y se siente en el alma, que la vida es una serie de acontecimientos que pasan unos después de otros sin que nos demos cuenta, que no paran aunque durmamos o nos rindamos, que alrededor de Paris hay mil cosas por hacer por descubrir y amar, no solo la Torre Eiffel o el Pompidou, pero más importante que todo, me enseño que si uno tiene amor a lo que hace, sin importar que, entonces lo que uno haga será como el sol en Paris: apreciadísimo, milagroso y aunque no sea ese su cometido, sino seguir la escena del año en la que se hacen pic niques y se sale a tomar vino a orillas del Sena, ella como el sol, es una diamante que esta por reflejarse por mil o más.
Ella quería ser actriz…
Y eligió un escenario muy particular donde actúa una película cada día, una que solo se puede ver en la memoria de su público en clase porque cada día es una escena irrepetible e inolvidable.
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