Hace mucho tiempo en la ciudad de Trente Suri, vivio una pareja y sus dos hijas, bien portadas, porque solo eso importaba, que hicieran sus quehaceres y que apenas dieran el ancho en la escuela; una mujer inteligente no era valorada, una obediente y fértil si. El abuelo era viudo, muy frio y siempre apartado de su hija, pero una vez al año la madre y sus dos niñas llegaban a visitarle y se quedaban con el durante 2 semanas, al abuelo no parecían alegrarle sus visitas pero siempre conseguia huevos frescos de una granjita vecina, leche, queso, y una sopa de gallina que le encargaba a otra vecina que le preparara. Era simplemente un hombre duro, pero les quería y le hacia anhelo su visita, a su modo.
Cada mañana,durante estas 2 semanas, la madre se despertaba temprano a hacer el desayuno para todos, el abuelo siempre llegaba de fuera, pero nadie le hacia preguntas, Tomoe era la hija menor y creyo que se trataba de eso de que a los hombres no se les cuestiona nunca nada, pero ella quería saber donde y que hacia el abuelo tan temprano, se hizo mil historias en la cabeza, incluso pensó que talvez ayudaba al vecino de la granja a ordeñar, recoger huevos, o pastorear, pensó que podía ser un observador de aves, pintor de paisajes matutinos o que hacia fotografías, o que acompañaba a los religiosos de la iglesia local a hacer los laudes o como se llamara la oración que hacían temprano a la mañana, pero fuese lo que fuera ella quería averiguar que era. Tomoe era asi, curiosa, intrépida, llena de ideas, muy lista y creativa, asi que finjio estar enferma para lograr dormir todo el dia, asi podría sentir cuando el abuelo salía y podría seguirle, pero debía hacerlo muy cautelosamente, no quería que se diera cuenta, solo quería averiguar, pero temia un poco que la reprendiera.
Era muy temprano por la mañana y el abuelo salio con un bolso, la niña lo siguió, el hombre siguió el camino sin darse cuenta de su pequeño polizon, que le seguía con una cuadra de distancia, las casas de este pueblo eran todas muy bajitas, hechas de adobe, techos de tejas y puertas gruesas de madera, algunas con tallados muy detallados, el abuelo finalmente de detuvo frente a una casita y entro, dejo la puerta semiabierta, asi que la niña que se escondia tras un auto abandonado espero unos 5 minutos y entro, el frio, la neblina, el viento silvando, la congelaban y para su sorpresa, no era “una casita” era por dentro una inmensidad, como un castillo, había un pasillo muy oscuro que se iluminaba por unas antorchas de fuego en la pared, entro en el primer salón que encontró a la derecha.
En el salón había una mesa mediana cubierta por un mantel blanco hasta el suelo, sobre ella habían velas, hiervas variadas, piedras brillosas, unos botecitos con liquidos, un mazo de cartas y una tabla con el abecedario. Tomoe pensó que el abuelo se reuniría con sus amigos a apostar, jugar juegos de mesa, póker y fumar hiervas y era obvio que si la encontraba ahí la iba a reprender, asi que se metio debajo de la mesa y aunque seguia sin entender porque tenia que hacerlo de madrugada. Se quedo dormida mientras esperaba, finalmente escucho voces, era su abuelo y otro hombre que hasta sonaba elegante.
Tomoe permaneció escondida en silencio, ellos se sentaron alrededor de la mesa, hablaron de problemas, traumas, de la vida de este caballero y entonces nuestra pequeña se aburrio y dejo de prestar atención, hasta que escucho hablar a su abuelo, explico que iban a hacer y la niña finalmente entendio que se trataba de un extraño ritual de brujería y lo que le asusto mas era que su abuelo era el brujo… no eran cartas cualquiera, eran de tarot, no era un tablero de juegos, era uno de ouija, no eran hierbas, ni botecitos para aromatizar, ni licores, eran para pociones, no eran velas para iluminar un poco aquel lugar, eran para convocar espiritus, no eran piedras de joyería, ni de la playa, ni para apostar como fichas, eran piedras encantadas, todo esto aprendio la niña y tuvo mucho miedo, pero no hizo nada, solo permanecio ahi en silencio.
Cuando todo termino ella espero que se fuera el abuelo y ella salio corriendo de la casita, tomo un atajo a casa, llego antes que el de vuelta a casa y se metió en la cama justo antes que todos se dieran cuenta, unos minutos después la mama se despertaba para hacer el desayuno y el abuelo llegaba a paso tranquilo, Tomoe no le dijo nada a nadie pero los siguientes meses comenzó a investigar, leyó libros de religión, que habían en casa, hacia muchas preguntas al sacerdote de la escuela, a su madre, a su padre, pero siempre muy sutilmente. Sus padres pensaron que se había comenzado a interesar por la iglesia porque talvez había sentido el llamado, que quizá quería ser monja, o dedicarse a alguna causa desde muy chica, Tomoe en realidad se preparaba para la guerra de las siguientes vacaciones con el abuelo, esta vez si que haria algo.
Un año despues volvieron a casa del abuelo. Tomoe había estado muy concentrada en esto, era tiempo, tenia miedo pero lo siguió justo como la ultima vez, se metio debajo de la mesa y mientras esperaba que el abuelo apareciera, comenzo a rezar un rosario, cuando termino comenzo una coronilla y espero muy atenta los ruidos, eran casi las 3am, su abuelo y una nueva voz se sentaron alrededor de la mesa, el ritual comenzo, ella podia oler las velas, las hierbas quemadas, escuchaba a su abuelo pronunciar hechizos que no entendia del todo, escuchaba aveces silencios, se movian cosas solas, se escuchaban voces tenebrosas, graves, como de demonios, ella no dejo de pronunciar mentalmente el avemaria y el padrenuestro, nunca paro, eventualmente comenzo a hacerlo tambien con los labios pero sin sonidos, sin susurros, sin seseos y entonces hubo un momento en que el abuelo se levanto de golpe y muy molesto de su silla, el mensaje del ouija habia terminado, ya no habian olores de hierbas quemadas, las voces horribles ya no estaban, el mazo de cartas se le caian de las manos, no era normal y comenzo a gritar a las paredes
---¿¡Quien esta aqui!?---
---¡Sal de tu escondite! criatura de Dios, ¿¡que buscas aqui!?---
El abuelo gritaba fuerte, con autoridad y Tomoe tenia miedo pero a la vez sabia que estaba ganando. El abuelo termino el ritual porque no tenia mas aceites, ni hierbas, no tenia mas velas, habia perdido 2 cartas de su mazo y no lograba contacto con nada, su clienta estaba molesta pero no reclamo demasiado y se fue sin decir mucho. El abuelo seguia molesto, siguio gritando a las paredes y aun despues de haber ganado la batalla, Tomoe estaba petrificada, pero el abuelo no iba a parar, entonces timidamente salio de su escondite, el abuelo cambio de cara, le grito un simple gruñido y le ordeno seguirle hasta casa, no se hablo mas del tema, ni entre ellos, ni llegando a la hora del desayuno.
Cuando terminaron las vacaciones, su madre le explico que ella ya lo sabia, que era muy valiente lo que habia hecho, pero que se habia arriesgado mucho y que por favor no se repitiera porque era peligroso, pero le motivo a seguir con la oracion, le compro nuevos libros sobre el tema y rezaban juntas cada noche y mañana. El papá nunca supo que había pasado y Tomoe crecio en fé, compartia un secreto con su madre y una gran devoción a la Divina Misericordia. Su hermana Mina, nunca supo nada, crecio, se caso, tuvo hijos y se dedico a la casa como todas las mujeres de esa época, Tomoe también crecio, se caso, pero nunca pudo tener hijos, se divorcio, se volvió a casar con Jeronimo y vivieron juntos hasta el final de sus vidas juntos, se divertian y acompañaban, quizá hasta se amaron.
Tomoe llevaba los pantalones en casa y como no los hacían para mujer en ese entonces, ella los mandaba a hacer con una costurera amiga de ella, le parecían mas practicos y creía que era injusto que fuera solo para hombres, estudio en la universidad cuando aun era ilegal para la mujer y se convirtió en la primera mujer profesora en química y farmacéutica del país.
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